Aeroclub Maestrat-Vinaròs

Viaje a Sicilia 2007
AEROCLUB MAESTRAT-VINAROS
Texto: José Manuel Serret

Edición: Enric Martín

Desde hace unos años, en el Aeroclub Maestrat-Vinaròs organizamos en verano un viaje más o menos largo. En el 2003 fuimos a la reunión de la R.S.A. en Chambley (Francia). Ese mismo año participamos también en la Vuelta Ibérica. En 2004 fuimos a Suecia. En 2005 estuvimos en la R.S.A., esta vez en Nevers. El año pasado volamos por la península visitando Segovia y acudiendo a la inauguración del campo de San Torcuato. Este año tocaba ir a Sicilia.

Hacía al menos dos años que preparábamos el viaje a Sicilia, aunque por diversos motivos lo tuvimos que ir  aplazando y sustituyendo por otras rutas.
Este año era el definitivo, nada podía torcerse. Teníamos que realizar nuestro viaje al sur de Italia sí o sí.

Pero no fue así. Pocos días antes de partir, empezaron los problemas. Juan Puerto, del campo de Castellar del Vallès, un incondicional de nuestros viajes, no podía venir por compromisos laborales de última hora. Además, Iñaki tampoco podía viajar, y con este ya son dos los años que no viene, muy a su pesar.

Aún así, decidimos tirarlo adelante. Fernando Miralles (le llamamos Fernandito a partir de ahora para diferenciarlo del otro Fernando) se beneficia de la situación y toma el relevo de Iñaki en mi avión, como copiloto, aunque compartirá conmigo el pilotaje, reservándome yo para los aterrizajes, despegues y la navegación.

Al final, los “expedicionarios” éramos los siguientes:

José Manuel y Fernando (Fernandito) en mi avión, un CT-SW recién estrenado.
José Luís y su hijo Saúl en el avión del club, un Allegro 2000 SW.
Fernando y Manolo en el avión de éste último, un Tecnam P-92.

La fecha de salida se marcó para el sábado 21 de Julio. Manolo, proveniente de Granada, estaría en Castellón unos días antes, y con Fernando, se reunirían con nosotros en nuestro campo (Vinaròs) para salir en grupo.

Pero como ya se sabe “el piloto propone y la meteo dispone”, y así fue, ya que el sábado llovió a mares en Vinaròs y fue imposible salir.

 

22 JULIO, Domingo

El domingo ya no llovía, pero teníamos toda la zona cubierta de nubes. De todas formas ya estábamos decididos y despegamos todos juntos a las 9:30.

La primera etapa nos tendría que llevar a Torreilles en el sur de Francia para repostar y comer (hay que tener en cuenta que el Allegro del club tiene un depósito de 55 litros, con lo que la autonomía es reducida).

En esta primera etapa nos acompañaron Enric y Miguel con su Zephyr 2000, ellos volverían al campo cuando nosotros despegáramos de Torreilles rumbo al siguiente punto.

Era el primer viaje que no hacía en mi querido Zephyr 2000 EC-ZIX. Con él fui a Portugal, a Suecia, atravesé Francia en varias ocasiones, etc. Este año estrenaba un CT-SW con el que apenas tenía 15 horas de vuelo. Debo decir que mi nuevo avión cumplió con creces las expectativas, y se reveló como un ULM cómodo y rápido, ideal para largos viajes.

El vuelo hasta Torreilles fue muy tranquilo, a excepción del primer tramo desde Vinaròs hasta cerca de Reus, donde encontramos nubes bajas y lluvia, pero a partir de ahí todo fue perfecto.

Pasamos por Castellar, de allí rumbo a La Garriga, Palafolls, Estartit y Torreilles,  cruzando a Francia por el mar. Realizamos un total de 409 Km en 2 h y 24 min,.

El encargado del campo nos indica que sobre la playa no se debe volar a menos de 1.500 pies, que las multas son muy importantes, que debemos llevar cartas OACI ya que las Jeppesen no las aceptan las autoridades y que nos las pueden pedir junto con la documentación en cualquier campo, y que también nos pueden multar por no llevarlas. Nos vamos con complejo de delincuentes potenciales y con ganas de llegar a Italia donde pensamos que todo será más fácil.

Después de comer y despedirnos de Enric y Miguel, salimos hacia Fayence, último campo francés antes de los Alpes. Se trata de 419 Km que realizamos en algo menos de dos horas y media.

Al poco de despegar, me comunica Enric por la radio que nos hemos dejado los tres bidones de 10 litros que nos prestaban para ir a buscar gasolina cuando hiciera falta. Ya estábamos en ruta y desistí de retroceder a buscarlos. Durante el viaje tuve tiempo de acordarme de este error cuando teníamos que pedir bidones o buscarlos donde fuera para poder repostar.

En mis viajes, aprovechando el gran maletero del Zephyr siempre he llevado bidones vacíos para este uso, ahora con el CT con un maletero aun más grande los he olvidado. Ha sido un error garrafal.

En Francia se debe navegar con mucho cuidado, ya que el trayecto está plagado de zonas restringidas al vuelo, CTR, etc. Además, salimos en plena hora de térmicas, con lo que el viaje ya no es tan cómodo.

En este tipo de aviones que pilotamos, los llamados de última generación, se puede volar a cualquier hora y con meteorología muy diversa, pero lo más conveniente sigue siendo salir muy temprano, parar a mediodía, y volver a salir a última hora, ahorrándote calor y “saltos”.

Vamos siguiendo una ruta que va de aeródromo en aeródromo, lo que hace el viaje más ameno y a la vez más seguro. Nos entretenemos localizando los aeródromos por los que pasamos y tomando referencias en el suelo, por si el GPS fallara...

Tenemos un fuerte viento de cola que agradecemos al principio, pero que al acercarnos a los Alpes se vuelve más turbulento. Cerca del destino pasamos por una zona montañosa con un río encajonado entre cañones, con multitud de canoas y piraguas. La verdad es que el espectáculo era extraordinario. Nos alegramos de llegar a Fayence, ya que el calor y el cansancio está empezando a hacer mella en nosotros.

En esta etapa hemos cubierto 418,4Km en 2h 24 min

Durante este trayecto, y sobre todo al final, nos hemos encontrado con mucho tráfico de veleros, ya que cruzábamos campos con mucha actividad de vuelo a vela.

Fayence, más que una pista, parece un enorme campo de fútbol donde se puede aterrizar por donde quieras. Se trata de un lugar con gran actividad de veleros y con dos escuelas de ULM. Nos dicen que es el campo de veleros con más actividad de Europa. Particularmente lo dudo, ya que conozco Oerlinghausen, Fuentemilanos, Ocaña, etc, pero ya se sabe que los franceses a veces son un poco chauvinistas.

Después de hablar con el jefe del campo, éste nos indica donde encontrar el hotel Olivier, que está a 300m. Descubrimos que se debió olvidar un cero, y que debían ser 3.000. El hombre fue muy amable, pero no se le ocurrió llevarnos esos “300” metros en su coche, aparcado ahí mismo. Comentamos que nosotros sí que lo hacemos cuando por nuestro campo aparecen pilotos franceses sudorosos y cansados...

El día acabó con piscina y una reparadora cena.

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