Aeroclub Maestrat-Vinaròs

23 JULIO, lunes

El segundo día despegamos muy temprano, ya que teníamos que cruzar los Alpes. El cielo estaba despejado y sin viento. Teníamos un vuelo de 234,9 Km hasta “Acqui Terme”, en Italia, que cubrimos en 1 h 24 min.

Todo fue bien hasta la frontera Italiana, allí empezamos a ver nubes que se fueron cerrando cada vez más a medida que nos acercábamos a nuestro destino. Cada avión tomo su camino y nos perdimos de vista. Nosotros vimos un valle con luz al final y pasamos muy pegaditos al suelo, hasta llegar al campo donde coincidimos los tres aviones.

Después de andar algún Km para repostar aviones, (también los italianos se dejaron algún cero al hablarnos de la distancia a la gasolinera), partimos hacia el próximo punto, que era Senegallia, en la costa del Adriático. Fueron 446 Km de vuelo placentero atravesando todo el norte de Italia en 2 h 48 min.

La zona es totalmente llana, dejando siempre las montañas a nuestra derecha. Estamos rodeando los Apeninos por el norte, lo que nos permite volar por la zona llana y en mejores condiciones. La visibilidad es suficiente, aunque como en todo el viaje estaremos inmersos en la calima.
Cuando llegamos a la costa viramos hacia el sureste y seguimos por la costa adriática.

En Senegallia nos encontramos con un campo de 400 m muy estrecho, rodeado de casas y edificios, y con un fuerte viento cruzado a 90º.

Primero aterrizan Fernando y Manolo con su P-92, después vamos nosotros, no sin haber dado al menos tres vueltas sobre el campo. Hace poco que tengo el avión y es cuestión de asegurarse. Posteriormente lo hace José Luís con el Allegro.

En este campo nos recibe Sergio Marasciulo, muy conocedor de España y de muchos pilotos españoles, (nos comenta que ha estado en varias ocasiones en Pals y Requena). Él nos ayudará a repostar, nos llevará a comer, y se preocupará de nosotros llamando al próximo campo (Vasto) para que nos esperen.

Fue una verdadera suerte el parar en este campo y conocer a Sergio y sus amigos, que se desvivieron por nosotros. Esto sería una constante en el resto del viaje por el sur de Italia.

Despegamos a las 7 de la tarde y realizamos, a mi parecer, el vuelo más bonito del  viaje. Vamos recorriendo la costa del Adriático, contemplando las interminables playas y bonitas ciudades. El recorrido es de 230,6 km en 1 h 36 min

Pasamos cerca del santuario de La Virgen de Loreto, patrona de los aviadores. Por indicación de Sergio le hacemos una foto y nos santiguamos. Según nuestro amigo, esto garantizaría el éxito de nuestro viaje… y parece ser que así fue.

También vemos San Marino, que es un monte que destaca sobre la llanura, cerca del mar.

Tan relajados vamos que nos alcanza con el Alegro y nos avisa que aquí se hace de noche antes, y que nos irá justito llegar con luz. Miramos el sol, y efectivamente, está bajo en el horizonte para la hora que es.

Tenemos que soportar las burlas de José Luís y Saúl, presumiendo de que con el Allegro han dado caza a todo un CT-SW, aunque lo arreglamos incrementando la velocidad y dejándolos atrás.

Llegamos con el tiempo justo de saludar a nuestros anfitriones (Pasquale y compañía) y atar los aviones antes de que oscurezca.

Otro recibimiento magnífico. Nos esperan incluso con bebida isotónica para que nos repongamos del calor y el viaje. Definitivamente la gente del sur de Italia es en extremo hospitalaria.

Nos conducen a un hotel (Hotel Sabrina) donde probamos el agua del Adriático y podemos relajarnos.

 

24 JULIO, martes

El tercer día amanece con un fuerte viento muy cálido (parece que estemos en el interior de una secadora). Esto, junto con la fatiga y las ganas de probar la piscina, nos decide a tomar el día libre y volver al hotel.

Día de descanso, de piscina, de bebidas frescas, karaoke nocturno… ¿qué mas se puede pedir?
Manolo, Fernando y yo nos quedamos un poco más disfrutando de la fiesta, y ellos (yo no bebo) saboreando los mejores cuba-libres del viaje. No en vano los ha preparado Natascha, la camarera cubana del hotel.

 

 

 

 

 

25 JULIO, miércoles

El cuarto día debemos partir, ya que se acaban las excusas para quedarnos. Despegamos a las 6.15. Nos hemos pegado un madrugón porque pensamos que a esas horas el viento será menos intenso, y parece que hemos acertado. El campo no es muy largo y vamos muy cargados, pero lo logramos los tres sin mayor dificultad, aunque al ver cómo despegan mis compañeros con el Tecnam y el Allegro no las tenía todas conmigo.
De todas formas los 100 cv de mi Rotax se portan y salimos airosos.

Hoy toca atravesar otra vez Italia e ir a la costa del Tirreno. Lo hacemos a buen ritmo y acompañados de nubes. Los tres pasamos por un valle que parece más despejado, aunque nos damos cuenta de que cada uno ha elegido un valle diferente. Parece difícil volar todos por el mismo sitio. La visibilidad en toda Italia es mala. Siempre hay calima y nos perdemos de vista fácilmente. Además, estamos volando entre numerosas nubes que dificultan más la navegación.

La radio del Allegro empieza a dar problemas. Oímos a José Luís entrecortado y no le entendemos. Al final acabaremos creando un código particular: una pulsación quiere decir no, dos pulsaciones, sí, y con esto iremos tirando.

Estamos utilizando en todo el viaje la frecuencia correlativa (123.45), aunque vamos observando que casi todo el mundo la utiliza, y escuchamos toda clase de conversaciones en varios idiomas. Nosotros hacemos buen uso también de esta frecuencia y con la radiofónica presentación de Manolo, Fernandito interpreta la canción del verano, que no es otra que “Peñagolosa”, canción típica de nuestra tierra, que Fernandito interpreta con más entusiasmo que acierto.

Llegamos a Scalea (www.aeroportoscalea.it), en la costa, y aterrizamos después de recorrer 328,8 km en 2 h 18 min. Se trata de una pista asfaltada de 1.500 m, con todos los servicios y muy poca actividad. Nos reciben con mucha amabilidad, nos llevan a desayunar, y después vamos a repostar a ¡2.85 € el litro de AVGAS! ¡Esto es una ruina! Además nos cobran 15 € de tasas. No me extraña que tengan estas instalaciones tan magníficas y tan vacías...

En Italia hay tres tipos de campos: el “campi di volo” en el que sólo pueden operar ULM, los “aviosuperfice”, en los que pueden operar avionetas y ULM, como Scalea, y después los aeródromos donde sólo pueden operar aviones.

Salimos hacia Sicilia con ganas, ya que está próximo el objetivo del viaje. José Luís sale unos 20 min antes, debido a que nosotros nos retrasamos un poco, de manera que es él quien llega primero y nos avisa de fuertes turbulencias y nubes bajas. Al poco tiempo llegamos nosotros y comprobamos la veracidad de lo dicho.

Ante la imposibilidad de encontrar el campo de Etna Volo debido a la visibilidad pésima, decidimos volver a Scalea, no hemos aterrizado en Sicilia pero la hemos sobrevolado aunque sea dando “botes”. En este vuelo de ida y vuelta a Sicilia hemos cubierto 467, 4 km en 2 h 48 min.

La pena es que no hemos visto el Etna con las nubes y la mala visibilidad. El no ver el Etna en Sicilia nos indica lo mala que era la visibilidad, pues el volcán tiene 3.340 m nada menos.

En Scalea alquilamos un coche y buscamos un hotel con aire acondicionado. Esa tarde nos bañamos en la playa para seguir la costumbre, aunque las olas son dignas de los surfistas de California por su altura y fuerza. De ello da fe José Luís, que se lleva algún revolcón.

Por la noche tenemos fiesta en la terraza del hotel donde Fernandito nos demuestra sus dotes de “conquistador” haciéndose con los favores de Pascualina (la camarera) que le sirve siempre primero y encima le invita a tabaco ¡juventud divino tesoro! De todas formas, a cambio de esto tendrá que soportar el resto del viaje el “cachondeo” pertinente. No sé si le valió la pena. Como es habitual, Saúl devora su comida y la de alguien más, mientras que los “veteranos” José Luís, Manolo, Fernando y yo nos retiramos pronto a descansar.

Fernandito acude un poco mas tarde a la habitación, sin tener en cuenta que cuando me duermo no hay quien me despierte (y eso que le avisé). Así pues, después de llamar varias veces a la puerta sin éxito tiene que irse a dormir con Manolo y Fernando en el sofá. Esto pasa por trasnochar…

Últimamente sólo volamos por el agua, y no acabo de acostumbrarme a ir muchas veces a una distancia respetable de la costa, pero como dice nuestro amigo y decano del club Franz Tanner -El motor no lo sabe. ¿Por qué se va a parar?-. Así que confiando en la ignorancia del avión, que no sabe que volamos sobre el mar, seguimos nuestro camino por el agua. Con estas reflexiones concilio el sueño… mañana será otro día.

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